|
Gibrán significa "El
soñador" y Khalil quiere decir "el elegido", el nombre del
autor vendría a decir algo así como "el soñador elegido".
Gibrán Khalil Gibrán nació el 6 de
diciembre de 1833 en Birrache en las montañas del Líbano.
En 1895 emigra a Estados Unidos y se
radica en Boston pero vuelve al Líbano tres años más tarde para
completar sus estudios de árabe en Beirut. Años después, viaja a París
donde se dedica a la pintura.
Desde 1910 hasta su muerte, el 10 de
abril de 1931, se establece en Nueva York.
Gran poeta, filósofo y pintor ha
sido considerado uno de los más grandes poetas que ha dado el Oriente,
sus poemas trazan la parábola del universo viviente.
El profeta
El Arribo
El Matrimonio
Las Dádivas
El Trabajo
Las Moradas
Comprar y Vender
Las Leyes
La Razón y La Pasión
El Propio Conocimiento
La Amistad
El Tiempo
La Oración
La Belleza
La Muerte
El Amor
Los Niños
El Sustento
La Alegría y La Tristeza
La Vestimenta
Crimen y Castigo
La Libertad
El Dolor
La Enseñanza
La Conversación
El Bien y El Mal
El Placer
La Religión
El Adiós
"El Arribo de la nave"
Almustafá, el elegido y el amado,
que era un amanecer en su propio día, esperó durante doce años en la
ciudad de Orfalis el arribo de la nave que había de conducirle de regreso
a su isla natal.
Y en el año decimosegundo, el día
séptimo de Ailul, mes de la cosecha, escaló la colina, cercana a las
murallas de la ciudad, y contempló el mar; Y columbró su nave surgiendo
de entre la niebla.
Entonces se abrieron las puertas de
su corazón, y su alegría se desbordó y escapó volando por encima del
mar. Cerró los ojos y rezó en el silencio de su alma.
* * *
Pero mientras bajaba la colina, le
invadió la melancolía, y pensó allá en el fondo de su corazón:
<<¿Cabe partir en paz y sin tristeza? Imposible, no es concebible
abandonar esta ciudad sin que mi alma quede desgarrada. Infinitos son los
días transcurridos entre sus murallas, y eternas las noches de soledad; y
¿quién es el mortal capaz de separarse de su dolor y soledad sin sentir
entristecida el alma? Son innumerables las partículas de espíritu
diseminadas por estas calles, e innumerables los hijos de mi afecto que
deambulan desnudos por entre estas colinas, ¿cómo, pues, alejarme de
ellos sin experimentar la opresión del dolor? No es una simple prenda de
vestir de lo que me privo en este día, sino la propia piel que desgarro
con mis manos. No es tan solo un pensamiento lo que queda tras de mí,
sino todo un corazón dulcificado por el hambre y la sed. Mas no puedo
postergar por más tiempo mi partida.
La mar, que requiere para sí todas
las cosas, me reclama, y debo zarpar. Pues quedarse, aunque las horas
ardan en la noche, es congelarse, cristalizarse y quedar confinado en un
molde. Nada me sería más placentero que llevar conmigo todo cuanto hay
aquí, más ¿cómo hacerlo? Una voz no puede cargar la lengua y los
labios que le dieron alas. Debe ir sola en busca del éter. Y solitaria y
sin nido volará el águila de cara al sol. >>
* * *
Y una vez en la falda de la colina,
volvió su vista de nuevo hacia el mar, donde su nave se acercaba al
puerto, y en su proa, los marineros, todos ellos hombres de su misma
tierra. Y desde el fondo de su alma les vociferó:
¡Hijos de mí provecta madre,
vosotros jinetes sobre las olas! ¡Cuán a menudo habéis circunnavegado
en mis sueños! ¡Y ahora arribáis a mí en el despertar del más hondo
de mis sueños!
Preparado estoy para partir, y mi
anhelo al igual que las velas desplegadas, tan sólo al viento aguarda.
Tan sólo un aliento más emitiré en esta atmósfera sosegada, tan sólo
lanzar‚ otra mirada plena de amor hacia atrás. Y luego me uniré a
vosotros para ser uno más entre los marineros. Y tú, extenso mar, cual
madre en vela. Único refugio apacible para los ríos y los arroyos. Un
meandro más tendrá tan solo este torrente, solamente un último murmullo
en su recorrido. Y luego acogerme‚ a ti cual una solitaria gota infinita
en un océano sin límites.
* * *
Y en tanto caminaba vio como en la
lontananza hombres y mujeres abandonaban sus campos y se apresuraban hacia
las puertas de la ciudad.
Y a sus oídos llegaron sus voces que
le llamaban por su nombre, y a gritos, de una campiña a otra, se
comunicaban el arribo de la nave.
* * *
Y entonces se dijo para sí:
¿Será el día mismo de la partida
el de la reunión? Y se proclamará que mi ocaso fue en realidad mi
aurora? ¿Y cómo gratificar‚ a aquel que ha dejado su arado a medio
surco, o a aquel que ha detenido la rueda de su Iagar? ¿Alcanzar mi
corazón a transformarse en árbol pletórico de frutos para que yo pueda
distribuirlos entre ellos? Y manar n mis deseos cual agua de manantial
para hacer posible colmar sus copas? ¿Seré un arpa que la mano del
Todopoderoso taña, o flauta a través de la cual su aliento pueda pasar?
Soy un buscador de silencio, ¿pero he encontrado acaso tesoro alguno en
los silencios que pueda ofrendarlo con confianza? Si este es el día de
recolectar mi cosecha ¿en cuáles campos he arrojado la semilla, y en
qué períodos me he olvidado? Si en realidad la hora de alzar mi farol
comunicante ha llegado, no ser mi fuego el que arda en su interior.
Apagado y oscuro levantar‚ mi farol. Y no ser el guardián de la noche
quien lo llenará de aceite y quien lo prenda.
* * *
Esto fue lo que dijo con palabras,
pero muchas otras quedaron en el recóndito fondo de su corazón, porque
ni él mismo podía expresar el más hondo de sus secretos. Y a su entrada
en la ciudad, el pueblo en pleno salió al encuentro y le aclamó como una
sola voz. Y los ancianos de la ciudad se le acercaron y le dijeron:
<<No te alejes todavía de
nosotros. Has sido para nosotros como una culminación luminosa en nuestro
crepúsculo, y tu juventud nos ha suministrado material para soñar. No
eres un extraño entre nosotros, ni un huésped, sino nuestro hijo
bienamado. No permitas que sufran nuestros ojos de hambre por tu rostro.
>>
* * *
Y los sacerdotes y las sacerdotisas
le dijeron:
<<No permitas que nos alejen
las olas de la mar, y que los años que has estado entre nosotros se
transformen tan sólo en un recuerdo. Has convivido entre nosotros como un
espíritu, y tu sombra ha sido luz que ha alumbrado nuestros rostros.
Mucho es lo que te hemos amado. Mas fue él nuestro un amor sin palabras,
y con los velos quedó cubierto. Sin embargo, ahora viene a llamarte y se
yergue para quedar desvelado ante ti. Y siempre ha acontecido que el amor
des. Conoce su propia profundidad hasta que llega la hora de la
separación. >> |