Los Siete Capítulos de Hermes 1
Apocalipsis de Hermes 12
Magia Natural, de R. Llull 18
La Práctica, de R. Llull 25
Tratado sobre la Materia 39
El Sueño Verde 45
LOS SIETE CAPÍTULOS Hermes
CAPITULO I
Esto es lo que dice Hermes: Durante el tiempo que he vivido no he cesado
de realizar experiencias y siempre he trabajado, sin cansarme.
No poseo éste arte y ésta ciencia sino por la única inspiración de
Dios; El es quien la ha querido revelar a su servidor, El es quien ha dado
el medio para conocer la verdad a quienes saben usar de su razón y El
jamás ha sido la causa de que alguien haya seguido el error o la mentira.
Por mi parte, y si no temiera el día del Juicio y la posibilidad de ser
castigado por haber ocultado ésta ciencia, no hubiera dicho nada y nada
habría escrito para enseñarla a quienes habrán de venir después de
mí, pero he querido dar a los fieles aquello que les debo, y enseñarles
lo que el Autor de la fidelidad me ha querido revelar.
Escuchad pues, hijos de los sabios filósofos, nuestros predecesores, pero
no de un modo corporal o desconsiderado, la ciencia de los cuatro
elementos que son pasibles y que pueden ser alterados y cambiados por sus
formas y que están escondidos junto a su acción; porque su acción está
escondida en nuestro elixir, y éste no podría actuar si no estuviera
compuesto de la muy exacta unión de éstos elementos, y no será perfecto
hasta que no haya pasado por todos sus colores, de los que cada uno denota
el dominio de un elemento particular.
Sabed, hijos de los Sabios, que hay una división en el agua de los
antiguos filósofos, que la divide en otras cuatro cosas. Una es de dos, y
tres son de una, y al color de éstas cosas, es decir, al humor que
coagula, pertenece la tercera parte, y las otras dos terceras partes son
para el agua: Estos son los pesos de los Filósofos.
Tomad una onza y media del humor, y la cuarta parte de la rojez
meridional, o del Alma del Sol, que será de una media onza, y tomad la
mitad de Oropimente, que son ocho, es decir, tres onzas.
Y sabed que la viña de los Sabios se extrae en tres y que su vino es
perfecto al terminar las treinta.
Concebid como se hace la operación: La cocción lo disminuye en cantidad
y la tintura lo aumenta en calidad; porque la Luna comienza a decrecer
después del decimoquinto día y crece al tercero. Esto será, por tanto,
el principio y el fin.
He aquí que os acabo de declarar lo que estaba escondido, pues la obra
está con vosotros y en vosotros, de modo que si la encontráis en
vosotros mismos, donde está continuamente, también la tendréis siempre
y en cualquier parte en que os encontréis, sea en la tierra o en el mar.
Por lo tanto, guardad la plata viva que se produce en los lugares o
gabinetes interiores, es decir, en los principios de los metales
compuestos de ella, donde está coagulada, pues ésta es la plata viva que
se llama tierra que Permanece.
Aquel que no entienda mis palabras, que demande inteligencia a Dios, que
de ningún malvado justifica las obras, más no rehusa a ningún hombre de
bien la recompensa que le es debida.
Pues yo he descubierto todo lo oculto de ésta ciencia, he revelado un
gran secreto y he explicado toda la ciencia a quienes sepan entenderla.
Así pues, vosotros, investigadores de la ciencia, y vosotros, hijos de la
Sabiduría, sabed que, cuando el buitre está en la montaña, grita en voz
alta:
¡ yo soy el blanco del negro,
y el rojo del blanco,
y el anaranjado del rojo!
Ciertamente, digo la verdad.
Sabed también que el cuervo que vuela sin alas en la negrura de la noche
y en la claridad del día, es la cabeza o comienzo del arte. El color lo
toma de la amargura que está en su garganta, y la tintura sale de su
cuerpo, y de su espalda se extrae un agua verdadera y pura. Por tanto,
comprended lo que digo y de éste modo recibid el don de Dios que yo os
comunico, pero ocultadlo a todos los imprudentes.
Es una piedra honorable que está encerrada en las cavernas o
profundidades de los metales; su color la hace brillante; es un alma, o un
espíritu sublime, y un mar abierto.
Yo os la he declarado: dad gracias a Dios porque os ha enseñado ésta
ciencia, pues El ama a quienes aprecian sus dones.
Por tanto poned esta piedra, es decir, su materia, en un fuego húmedo, y
cocedla. Este fuego aumentará el calor de la humedad y matará la
sequedad de la incombustión, hasta que aparezca la raíz, es decir, hasta
que el cuerpo sea resuelto en su mercurio. Después de esto, haced surgir
la rojez de la materia, y su parte ligera, y continuad haciéndolo hasta
que no quede más que una tercera parte.
Hijos de los Sabios, si se ha llamado envidiosos a los Filósofos no es
porque hayan querido, jamás, ocultar nada a las gentes de bien ni a
quienes viven piadosamente, ni a los legítimos y verdaderos hijos de la
ciencia, ni a los sabios, si se les ha llamado así es porque la esconden
a los ignorantes, es decir, a quienes no saben lo suficiente como para
conocerla, a los viciosos y a quienes viven sin ley ni caridad, por temor
de que, por éste medio, los malvados se pudieran volver poderosos y
cometieran toda clase de crímenes, de los que, ante Dios, serían
responsables los Filósofos pues todos los malvados son indignos de poseer
la Sabiduría.